Archivos para 16 junio 2007

‘Al trantrán’ ha recibido 4.000 vistas

Pues eso; algo absolutamente intrascendente para el devenir del mundo, un hecho que no variará un ápice sus desgracias ni maravillas pero que, confío en ello, puede proporcionar a quienes llegáis al trantrán hasta este espacio, cuanto menos, cierto esparcimiento y, considero, un rato de lectura amena. Aquí seguimos leyeviéndonos. Casi a diario ;-D

Del modo en que me rindo al esplendor de tus travesuras

cabaret.jpgNo había trucos de birlibirloque bajo tu bombín ni escondían tus manos más juegos que el divertimento de verlas ocupar la porción de aire que les corresponde por derecho. No me engañan tus azules, yo conozco lo que esconden: vi trigo, veranos y mañanas incipientes. Aprendí también que no todas las carreteras discurren en línea y que la recta no es la mínima distancia entre dos puntos. No en tu caso: autopista sinuosa a ras de cielo. No hablaré de tu sonrisa (prohibido aparcar, dirección prohibida) ni de las historias que se esconden, felinas, agazapadas, cuando miras. ¿Sabes qué haré? Dejaré que Dadá marque los ritmos y te pinten con mesura los neones. Esperaré al último aplauso, EXIT, downstairs, the second on your left. Y acaso, si la noche lo permite y los dados marcan siete en mi tapete, on the rocks to take away. Broadway hoy no queda lejos y tal vez sean propicios los augurios de la noche. Presento mi candidatura al Club de los Bienaventurados. Mientras tanto baila, muñeca descompuesta por juegos imprudentes que trascurren en un tiempo sin sentido, en coordenadas de absurdo seducidas por la intensidad de lo distinto. Baila, yo me quedo junto a tu tacón de aguja.

Charlatanes: vendedores y humoristas en extinción

El actor Miguel Ángel Gallardo, con el apoyo de Antonio Rodríguez, gerente de AR Producciones, se adentra en la figura casi desaparecida del charlatán: vendedor ambulante, humorista, actor… perseguido y olvidado

Recorrían mercados y plazas con sus mercancías, vendidas a viva voz para desagrado de los comerciantes de la zona. Malqueridos, sufrían el oprobio de éstos y las autoridades. Su ingenio y desparpajo concitaba numerosos clentes a su alrededor. El actor albaceteño Miguel Ángel Gallardo ha profundizado en su historia a través de un documental, filmado y montado por Antonio Rodríguez (AR Producciones) que en estos momentos se encuentra en la “sala de máquinas” recibiendo los últimos retoques. En breve saldrá al mercado.

—¿Por qué despiertan su interés los charlatanes?
—Porque tienen algo teatral y porque considero que hay cosas que forman parte de la cultura popular y no deben olvidarse. Me llamaron la atención desde pequeño porque, de alguna forma, reúnen las características que configuran un ritual teatral: el protagonista, es decir, el charlatán, y el público que se sitúa a su alrededor, además de las claves de humor y la particularidad de su lenguaje, destinado a divertir pero, al mismo tiempo, a vender su producto. Sigue leyendo

La canción de las camareras tristes

 

El poeta no necesita tocarte para conocer la turgencia de tus formas y le basta con mirarte a los ojos para imaginar el color de tus tristezas. El poeta sabe que sueñas, entre hielo y hielo, con el frescor de una pradera verde, con un amanecer nuevo cuando cierras la persiana y sales del bar con premura, en el intento de evitar que la mañana inminente te atrape en las calles deshabitadas de la ciudad dormida. El poeta sabe que sueñas con el arrobo de una palabra tierna después de cada impertinencia y, en la distancia, imagina la expesión de tu cara si tuviera ocasión de susurrarte las que escribió para ti mientras arropa tu cansancio.

El poeta sonríe cuando te encuentras alegre, cuando intuye que la vida te mostró su cara amable. Sí, sonríe por ti cuando tiene la certeza de que los dioses te regalaron sentencias propicias, y agradece al señor de las aceras que cuide tu camino de regreso a casa.

Podría sentarse (o esconderse) al amparo del refugio que supone la umbría de los portales y hacer sinfonía del sonido de tus pasos o fuegos artificiales con las últimas lágrimas, ambarinas, que derraman las farolas, tan cansadas como tú, sobre las aceras conocidas.

El poeta te observó toda la noche, atrincherado en el recodo último de tu barra, abarrotada de prisas y voces en disonancia, de urgencias vacías, de cantos de cisne, de promesas lujuriosas que se diluyen con la próxima mirada que roba la turgencia de escotes falsificados. Y creen los patosos reincidentes que todo es negociable a partir de la tercera copa.

Tus manos, mientras, repiten la cadencia conocida y, esta vez, no eres amable. Las sonrisas de las camareras son regalos selectivos. Fuera, todo sigue su curso y te sonrojas si se cruzan tu mirada y su osadía. El poeta te mira y escribe, escondido tras un vaso mediado y una libreta repleta de versos que encierran su mundo de caminos inventados a ninguna parte.

El poeta te mira. El poeta te escribe y retiene conversaciones inventadas, las enjaula entre barrotes de tinta indeleble. Tan robustos como la tenacidad de tu firmeza; frágiles como las palabras muertas que quedan enterradas en libretas:

Hoy te he amado tres segundos
por decir
no pongas más hielo en su copa.
Ya sé dónde esconder
mis palabras, mis miradas.
Unas en la caja registradora;
las otras las guardé bajo tu espalda.
Si tuviera valor, buscaría palabras
y el momento de decirlas.
Si tuviera valor,
mantendría tu mirada
y mi sonrisa sería más abierta.
Si tuviera valor, diría algo más
que ponme otro y gracias.
Fuiste amable:
cinco euros no es demasiado
por una sonrisa.

Entonces, el poeta recoge sus historias y camina en dirección al Hotel de los Corazones Rotos. Porque no son tus tetas lo que mira cuando se fija en tu escote; intenta desentrañar si se esconde, bajo él, algún latido.

(Publicado en El Día de Albacete, 12/06/07)

Francisca Gata presenta el poemario ‘Creación’

Francisca Gata Amate, pacense de nacimiento y albaceteña de vocación, cuenta entre sus méritos literarios, además de la dedicación exclusiva a la tarea de escribir, los premios Paul Beckett de poesía, el premio de novela Francisco García Pavón (Tomelloso) o el Felipe Trigo (Badajoz). Entre su biografía, destacan títulos como Ella anda, El felino dormido, La noche del tirador o La celda y el mar y El bar de los vagabundos, editados estos últimos por la Diputación de Albacete.
Esta tarde, en el Ateneno Albacetense, a las 20 horas, presentará su poemario Creación, dos libros en uno (Creación y Detalles) que cierran la trilogía inspirada en la pintura de Pepe Enguídanos y, en esta ocasión, de su paisano Eduardo Naranjo, originario, como ella, de Monesterio (Badajoz).
El discurso poético de Francisca Gata se sustenta sobre una arquitectura desgarrada, donde elementos como la desesperanza, la melancolía o la amargura se transmutan en piezas de intensidad y belleza emotivas que seducen y atrapan al lector (la soledad atronando tus oídos / y esa reverencia de esqueletos vegetales). La presencia de la muerte, de la soledad y el silencio permite a Francisca Gata crear un nuevo espacio de construcción poética, desvestido de adornos innecesarios, esponjoso pese a su aparente crudeza, centrando la fuerza de su expresividad mediantes imágenes de profundo calado (Los viajeros muertos se apresuran / entre las cortinas / más que muertos, talados).

Nutriente pictórico
¿Por qué servirse de la pintura como nutriente poético? Por la fuerza evocadora, por la capacidad sugestiva de la obra de Eduardo Naranjo. Una obra de base realista y marcado componente onírico que roza, sin tocarlos, los matices surrealistas. La Creación según Naranjo ha dado pie a Francisca Gata para afrontar temáticas trascendentes (o trascendentales) reflexionando sobre Dios y su participación en dicha creación. Francisca pone en boca de Dios esta descripción de Adán: “tierno cachorro / de mi solitaria omnipresencia”. Y junto al hombre, recorre Francisca la naturaleza, el mar, el aire… desde una perspectiva en ocasiones intimista, en ocasiones cenital. En cualquier caso, adentrarse en el discurso poético de Francisca Gata es exponerse al bamboleo emocional, a la herida en los ojos o el rasguño del alma. Es, en definitiva, una toma de conciencia inevitable.