Archivo para 8 noviembre 2007

¿Quieres hacer el favor de callarte?

 

Conocí la canción de oídas, cuando chico, por escucharla a través del patio, proveniente de la ventana abierta de una vecina que despertaba mi interés (la vecina y su ventana). Andaba yo por aquel entonces enfrascado en ritmos contundentes y muy atareado en perpetrar atentados sonoros con mi recién adquirida, regalada y desvencijada, primera guitarra española, a la que me acerqué sin ningún conocimiento previo y con la referencia inmediata de los discos grabados en cinta que intercambiábamos los amigos, piratería habitual sin denuesto ni aspavientos sociales (también entonces se vendían en la calle, en el rastro concretamente). Conocí a Simon and Garfunkel a través de The sound of silence. Y aunque en un principio consideré que era una canción un tanto moña (Loquillo, Los Rebeldes, el Rock and Roll americano de los cincuenta me atraían entonces), lo cierto es que ejercía cierto embrujo sobre mí. Aún no tengo claro si era por su cadencia y melodía o un fruto de mi imaginación exacerbada al componer la escena de mi vecina tras su ventana, abierta por el calor del verano, secándose el pelo tal vez, o arreglándose para ver al Chato, que era quien tenía barra libre en su garito, un chico de esos que no gustan a las madres y ponen a los padres en guardia. Sigue leyendo

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De compadreos y chanchullos literarios

 

Oiga usted, cómo anda el patio en esto de los concursos literarios. Es sabido por todos aquellos que gozamos del placer de escribir( y nos aventuramos en ocasiones a enviar nuestros escritos a certámenes y concursos) que existe un compendio no escrito de normas básicas que conviene observar a mayor beneficio de la tranquilidad de espíritu y salud emocional y mental de cada quien. A saber. Conviene presentarse a los certámenes literarios como quien echa una primitiva o como podrían enfrentarse los jugadores suplentes del equipo filial del Alba a la primera plantilla del Madrid, es decir, dando el asunto por perdido de antemano. Conviene también ser comedido en las aspiraciones económicas derivadas del montante destinado a premios, dado que es conocido y frecuente que aquellos certámenes de mayor cuantía (léase aquellos que superen los tres mil euros)estén gestionados directa, indirecta, descubierta o encubiertamente por editores (dos o tres habituales y algún otro con ganas de pegar bocado); no resulta sorprendente en estos casos que se alcen con los premios escritores “afines” y, en algunos casos (intente usted evitar quedar ojiplático) lo hacen con libros encargados de antemano. Un ejemplo ampliamente conocido en este ámbito, del que se comenta con denuedo en los mentideros literarios, es el Planeta. También se dice del Fernando Lara. Y hay quien sospecha del Herralde. Tengo un buen amigo que ayer me incluyó en su lista negra, con el honor de ostentar el cargo de miembro inaugural, que sabe bien de estos trasuntos. Sigue leyendo