Francisca Gata presenta el poemario ‘Creación’

Francisca Gata Amate, pacense de nacimiento y albaceteña de vocación, cuenta entre sus méritos literarios, además de la dedicación exclusiva a la tarea de escribir, los premios Paul Beckett de poesía, el premio de novela Francisco García Pavón (Tomelloso) o el Felipe Trigo (Badajoz). Entre su biografía, destacan títulos como Ella anda, El felino dormido, La noche del tirador o La celda y el mar y El bar de los vagabundos, editados estos últimos por la Diputación de Albacete.
Esta tarde, en el Ateneno Albacetense, a las 20 horas, presentará su poemario Creación, dos libros en uno (Creación y Detalles) que cierran la trilogía inspirada en la pintura de Pepe Enguídanos y, en esta ocasión, de su paisano Eduardo Naranjo, originario, como ella, de Monesterio (Badajoz).
El discurso poético de Francisca Gata se sustenta sobre una arquitectura desgarrada, donde elementos como la desesperanza, la melancolía o la amargura se transmutan en piezas de intensidad y belleza emotivas que seducen y atrapan al lector (la soledad atronando tus oídos / y esa reverencia de esqueletos vegetales). La presencia de la muerte, de la soledad y el silencio permite a Francisca Gata crear un nuevo espacio de construcción poética, desvestido de adornos innecesarios, esponjoso pese a su aparente crudeza, centrando la fuerza de su expresividad mediantes imágenes de profundo calado (Los viajeros muertos se apresuran / entre las cortinas / más que muertos, talados).

Nutriente pictórico
¿Por qué servirse de la pintura como nutriente poético? Por la fuerza evocadora, por la capacidad sugestiva de la obra de Eduardo Naranjo. Una obra de base realista y marcado componente onírico que roza, sin tocarlos, los matices surrealistas. La Creación según Naranjo ha dado pie a Francisca Gata para afrontar temáticas trascendentes (o trascendentales) reflexionando sobre Dios y su participación en dicha creación. Francisca pone en boca de Dios esta descripción de Adán: “tierno cachorro / de mi solitaria omnipresencia”. Y junto al hombre, recorre Francisca la naturaleza, el mar, el aire… desde una perspectiva en ocasiones intimista, en ocasiones cenital. En cualquier caso, adentrarse en el discurso poético de Francisca Gata es exponerse al bamboleo emocional, a la herida en los ojos o el rasguño del alma. Es, en definitiva, una toma de conciencia inevitable.

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