Tienes razón (Publicado en la antología Histerias Breves)

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Hasta aquel momento la velada había transcurrido amena y agradable. Llegaron más o menos a la hora establecida, cada uno según su puntualidad. Tampoco hubo sorpresas en los detalles. Quien acostumbraba a presentarse con las manos vacías y elocuentes salutaciones así lo hizo. Quien tenía costumbre de lo contrario trajo una botella de vino, un centro de flores y velas, un postre, unos vinilos para poner de fondo, los hielos y el pan de centeno que nos pediste, unas servilletas de colores que vi esta mañana en el súper y tal vez te gusten… Luego, la mesa, ya puesta con elegante sencillez, recibió las servilletas de colores y a cada uno de los esperados, pero no las velas para no afectar el olor de los platos. Frente al de las comensales hay un pequeño atillo con clavelinas rosas y florecillas blancas En el extremo de la mesa una cubitera enfría la botella con rosado de aguja. El centro está ocupado por los colores de tomate, queso fresco, pepinillos, cebollitas en vinagre de Módena y anchoas cántabras. Hay dos cestas con pan de centeno, sobre servilletas de paño blanco, a los lados de la ensaladera alargada y todos los utensilios habituales para cada comensal, pero ningún cenicero. Sigue leyendo

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Milonga (Relato finalista XXII Premio de Cuentos Ciudad de Elda)

 

RECUERDOS DE LI

Li no vino envuelta en niebla y flores desde un exótico paraje de Oriente. Recorrió con el corazón descalzo la sierra y el páramo de la provincia. Li no es un nombre con apellidos impronunciables adyacentes. De hecho ni siquiera es un nombre. Li es una sílaba elevada a la categoría de esencia. Li es mi sílaba en ella, es cómo yo la nombraba meloso cerca del oído. Es el eterno determinante que acompañaba mis nombres. Y, en vez de decir mi cielo, mi cariño, yo decía: Li, cielo, Li, cariño. En esta sílaba que apocopa su nombre condensé lo que iba descubriendo. Condensé sus abrazos tiernos, sus risas esponjosas, las espinas ocasionales de su lengua. Y envolví todo ello con el mapa en cueros que lleva tatuado en los dedos. Li, como cada esencia concentrada, es un recuerdo intenso que aún impregna mi camisa. Es un aroma agridulce que llega a veces a través de las ventanas abiertas.

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Polvo atorado en la garganta (Relato finalista Art Nalón 2006)

Dicen Ea, pobrecico, ya no sufre. No por mí, por él. Yo tengo atorado en la garganta el polvo de los caminos que recorrimos juntos. Nuestros caminos son secos. Aunque sienta mis ojos quemados por todos los soles de agosto en el llano, no lloro.

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