Del certero disparo de sus ojos

Algunas personas sólo guiñan los ojos para poder apuntar mejor
Billy Wilder

 

 

Al día siguiente tuve la certeza de no haber soñado. Lo confirmaban las pruebas, tan digitales como tangibles, almacenadas en mi cámara de fotos, esa que captó su atención mientras Paul Collins rasgaba con denuedo las cuerdas de su Gibson acústica sobre el escenario. Pero ella era ajena a todo esto. Las risas cómplices compartidas con su amiga eran lo único real en aquel momento.

En torno a ambas, procesionando como penitentes de bien, revoloteaba un catálogo completo de especímenes nocturnos de los que ellas se desprendían con la maestría del artesano experimentado. Los más afortunados se llevaron dos besos de recuerdo y una de esas sonrisas que a uno se le quedan clavadas dentro.
Bailaban pero desconocían quien era ese tipo maduro tirando a viejo que se contorneaba a ritmo de Rock and Roll, como si le fuera en ello algo más que el puñado de billetes con que regresaría a casa. Ella sonreía y coqueteaba con su amiga en un juego de sensualidad que parecía diseñado para exaltar la imaginación de quien, como yo hacía desde un discreto lugar al fondo de la barra, prestara atención. Resultaba inútil el escrutinio a distancia que, en otras ocasiones, me ayudara a esbozar un leve croquis mental desde el que construir mi propia versión de su pasado, con el que fantasear sobre un hipotético futuro que nunca iba más allá de la mañana siguiente. Pero en esta ocasión resultaba inútil incluso la tan eficaz estrategia del cazador solitario: un hombre debe ser consciente de las camisas que le quedan grandes. Y esta, sin duda, me superaba en al menos tres tallas. Ellas seguían riendo y despachando candidatos. Yo apuraba mi cerveza y preparaba la cámara para recoger el único fruto posible aquella noche. Recordé la frase de Billy Wilder: Algunas personas sólo guiñan los ojos para poder apuntar mejor. Y eso hicimos ambos; ella mientras sonreía con su amiga hacia el objetivo, yo mientras tomaba un par de fotografías. Por supuesto, desperté sólo a la mañana siguiente y no tuve más remedio que escribir.

(El Día, 04/03/07)

Anuncios
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: