Archive for the 'Escritos y Opinión' Category

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Del modo en que los primeros fríos desnudaron al Paseo de la Libertad

Diciembre 6, 2007

Llegaron los primeros fríos a la ciudad. Los primeros fríos verdaderos, los que animan a esconder las manos en guantes o entonarlas con el calor de las castañas asadas. Él las compró en la Calle Ancha, un cucurucho con el que se entretenía durante el paseo. Lo vi ayer por la tarde; ambos aprovechamos que era un día festivo. Coincidimos sin conocernos al principio del Paseo de la Libertad. Yo, sentado en un banco, plantándole cara al aire del norte, un aire grato y conocido para mí. Él pasó camino de, por ejemplo, la estación, donde, por ejemplo, recibiría una visita esperada largo tiempo. Quise imaginar al hombre del  cucurucho de castañas camino de una felicidad inminente que yo le deseaba duradera. Celebro ver a la gente feliz. Quise imaginar también que los primeros fríos habían arrebatado a los árboles los sombreros, privando al paseo de sus adornos verdes que, ausentes, dejaban al descubierto la desnudez árida del hormigón, un desierto de paredes y edificios muertos, sin ventanas abiertas, sin luces tras los cristales, sin niños jugando alrededor de la escultura que recibe al caminante. Una vez vi a “la gorda del paseo” vestirse de nadadora. Los árboles parecían mirar su culo con descaro. Ayer estaban más comedidos. Será por la desnudez de sus cabezas, o porque la tarde no esconde el gris de la ciudad, o por el hombre sonriente camino de la estación.

Publicado en El Día de Albacete 07/12/07

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El problema de Yorick: Crónicas de la ciudad invisible

Diciembre 3, 2007

Gracias a la incombustible dedicación que Eloy M. Cebrián y Antonio García aplican a los asuntos literarios, este fin de semana fue presentado el número 8 de la revista El problema de Yorick.

Un grato encuentro, una grata velada y un resultado excelente en lo concerniente a contenidos y formato es el somero resumen de dicha presentación. Crónicas de la ciudad invisible está disponible en la librería Popular; si no resides en Albacete, celebrarás saber que la librería admite pedidos vía Internet y que el precio de la revista es tan asequible como 5 euretes.

En la foto, de izquierda a derecha:

Fila superior: Gregorio Salvador, Anselmo Gómez, Manuel Merenciano, Francisca Gata, Arturo Tendero, Andrés Pau, Gil Antonio Ballesteros, Antonio Segovia, Arturo Cerveró y Juan Félix Maldonado.

Fila inferior: Pablo Alcaraz, Ricardo Pérez, Eloy M. Cebrián y Antonio García).

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Del modo en que algunas veces resultan vanos mis esfuerzos

Diciembre 1, 2007

Al salir a  la calle, el frío de primera hora de la mañana no duda en arrebatarme el calor tibio que tanto empeño me ha costado conservar sustrayéndoselo a la cama, buscando la complicidad del agua de la ducha para que no se disolviese, recurriendo al amparo del pequeño calefactor que cuelga de la pared, envolviéndolo en mi toalla preferida, protegiéndolo con calcetines gruesos y camiseta de manga larga, tonificándolo con todo el té rojo que mi mayor taza es capaz de contener, asentándolo con tostadas de tomate, mimándolo con un largo y suave pañuelo negro que suelo envolverle alrededor del cuello, jugando a acariciarlo con mis guantes, resguardándolo en la pechera de mi cazadora. Puse un gran empeño esta mañana en conservar junto a mí una parte del arrobo de despertar ovillado y cubierto con el edredón hasta la cabeza y decidí hacerlo después de que la habitación mordiera mi pie descalzo cuando me aventuré a explorar el perímetro de la ropa de cama, cuando hice acopio de cierta determinación para servirme de las zapatillas y llegar con ellas veloz al refugio del baño. Pero, al salir a  la calle, el primer frío de la mañana no dudó en arrebatarme por la fuerza la tibia calidez de un despertar agradable.

Publicado en El Día de Albacete, 01/12/07

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¿Quieres hacer el favor de callarte?

Noviembre 8, 2007

 

Conocí la canción de oídas, cuando chico, por escucharla a través del patio, proveniente de la ventana abierta de una vecina que despertaba mi interés (la vecina y su ventana). Andaba yo por aquel entonces enfrascado en ritmos contundentes y muy atareado en perpetrar atentados sonoros con mi recién adquirida, regalada y desvencijada, primera guitarra española, a la que me acerqué sin ningún conocimiento previo y con la referencia inmediata de los discos grabados en cinta que intercambiábamos los amigos, piratería habitual sin denuesto ni aspavientos sociales (también entonces se vendían en la calle, en el rastro concretamente). Conocí a Simon and Garfunkel a través de The sound of silence. Y aunque en un principio consideré que era una canción un tanto moña (Loquillo, Los Rebeldes, el Rock and Roll americano de los cincuenta me atraían entonces), lo cierto es que ejercía cierto embrujo sobre mí. Aún no tengo claro si era por su cadencia y melodía o un fruto de mi imaginación exacerbada al componer la escena de mi vecina tras su ventana, abierta por el calor del verano, secándose el pelo tal vez, o arreglándose para ver al Chato, que era quien tenía barra libre en su garito, un chico de esos que no gustan a las madres y ponen a los padres en guardia.

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De compadreos y chanchullos literarios

Noviembre 6, 2007

 

Oiga usted, cómo anda el patio en esto de los concursos literarios. Es sabido por todos aquellos que gozamos del placer de escribir( y nos aventuramos en ocasiones a enviar nuestros escritos a certámenes y concursos) que existe un compendio no escrito de normas básicas que conviene observar a mayor beneficio de la tranquilidad de espíritu y salud emocional y mental de cada quien. A saber. Conviene presentarse a los certámenes literarios como quien echa una primitiva o como podrían enfrentarse los jugadores suplentes del equipo filial del Alba a la primera plantilla del Madrid, es decir, dando el asunto por perdido de antemano. Conviene también ser comedido en las aspiraciones económicas derivadas del montante destinado a premios, dado que es conocido y frecuente que aquellos certámenes de mayor cuantía (léase aquellos que superen los tres mil euros)estén gestionados directa, indirecta, descubierta o encubiertamente por editores (dos o tres habituales y algún otro con ganas de pegar bocado); no resulta sorprendente en estos casos que se alcen con los premios escritores “afines” y, en algunos casos (intente usted evitar quedar ojiplático) lo hacen con libros encargados de antemano. Un ejemplo ampliamente conocido en este ámbito, del que se comenta con denuedo en los mentideros literarios, es el Planeta. También se dice del Fernando Lara. Y hay quien sospecha del Herralde. Tengo un buen amigo que ayer me incluyó en su lista negra, con el honor de ostentar el cargo de miembro inaugural, que sabe bien de estos trasuntos.

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Juan Antonio Cebrián: Albacete ignora la muerte de sus hijos

Octubre 29, 2007

juanacebrian.jpgSaben quienes me conocen, y usted que en ocasiones se detiene en las líneas de Al Trantrán, que me gusta la ciudad. Como hábitat y como estructura social. También como personaje y contexto literario. Y saben quienes me conocen que me gusta vivir en Albacete.

Hace casi una década (uff) que llegué a la ciudad. A quienes no la conocen aún les hablo, sobre todo, de sus gentes, de mis espacios preferidos en ella, de la riqueza y belleza de sus sierras, de las fiestas de sus pueblos y la Feria, del profundo cambio que ha experimentado desde que la conozco, de todo lo bueno que me ha regalado… Y siempre termino, inevitablemente, con esta frase: “Es un buen lugar para vivir”.Por eso me entristece estos días que -por primera vez en casi diez años- tenga un reproche que hacerle y deba llamarle la atención por descuidada y desatenta, por desagradecida. Y me explico.

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De algunas cosas de la ciudad que no me conciernen por la mañana

Octubre 25, 2007

No es asunto mío pero la ciudad amaneció llorosa: tal vez por la humedad del aire neblinoso, tal vez por el rastro de la pequeña tormenta que no llegó a sobresaltarnos anoche. Pero hoy no es asunto mío. Encontré música y poesía al despertar: la de su respiración y una persiana que bosteza en el piso de al lado, la del tintineo de nuestras cucharillas empeñadas en perturbar la calma tibia de la taza, los pasos de alguien que baja apresurado las escaleras. Ningún niño sonríe camino de la escuela por la mañana. La ciudad remolonea y recoge el goteo progresivo de quienes dejan atrás una toalla húmeda junto a la ducha y parte de su calor entre la almohada y los dobleces del pijama de invierno. El otoño trajo esta semana los primeros fríos. Pido té y en la barra se acodan tiburones, gatas y algún bufón. Apenas un par de ellos tienen cara de buen tipo y presumo que olvidaron escoger una canción que tararear durante el día. Ella reprobaría el regusto con que lío y enciendo el primer cigarrillo de la mañana. Las recolectoras de ojos que entran en la cafetería cuentan con la certeza de alguna victoria pasajera. Una pareja se acaricia mientras espera el desayuno. Junto a ellos, un chico resfriado se ajusta la bufanda. Parece que su amante no pasó la noche en la ciudad.

 Publicado en El Día de Albacete 26/10/07

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De cómo busco burbujas para recoger tu forma de estremecerte

Octubre 12, 2007

He encontrado una burbuja donde recoger el temblor leve con que te estremeces cuando te rozan mis palabras tiernas, palabras que busco en esos días en que sonreír es decreto derivado de las horas amables, en esas noches en que el sueño juega a esconderse en los rincones de mi cuarto, aunque sepa que no tengo intención de buscarlo más allá de los minutos imprescindibles para caer en el desvelo. Cada vez es más lejano el consuelo del humo mortecino en mi cenicero negro, ese que dejaba somnoliento a pie de cama y que, ahora, dejó de ser cortina para reciclarse en muro de hormigón a la entrada del paso siguiente. He encontrado una burbuja capaz de trasparentar tu sonrisa pudorosa y el modo en que el rubor te vence  si me atrevo a traspasar el umbral de la prudencia. Una burbuja para contener los brillos que escondes cerrando los ojos si mi mano, aventurera, decide que robarte una caricia no puede ser delito punible, que tocarte de soslayo no debe infringir sino el manual de los timoratos y el credo de los comedidos. Y así, jugando con burbujas, puedo imaginarme malabarista, escultor de acrobacias tenues y cronista derrotado en la grafía del futuro inminente. O quizá relojero avezado que ajuste los sonidos que se escuchan, próximos, en el camino pendiente.

Publicado en El Día de Albacete 12/10/07

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Del modo en que descansas a mi lado

Octubre 11, 2007

Descansa, amor, cierra los ojos mientras elevo plegarias a los dioses del sueño y convoco a los ángeles que pueblan la noche para solicitar su protección ahora que la luz del día dejó de bendecirnos y hemos de enfrentarnos al abismo de morir hasta mañana.

Descansa, amor, cierra los ojos que yo velaré tu sueño mientras retienen mis dedos las formas de tu espalda en este abrazo que nos sirve de refugio, al abrigo de la tibieza de tu respiración profunda, coartada perfecta para escapar de las derrotas del día, y permíteme soldar mi espalda y tu pecho, idónea conjunción de latidos unísonos, prueba palpable de que resulta posible la vida en placidez, incluso, quizá sólo por esta noche, alcanzar el sueño reposado.

Deja, amor, que restañe la vacuidad de mi pasado y celebre que ahora no me incumben las calles deshabitadas, que celebre que no llora para mí la farola en duermevela de la esquina de mi calle y que no tendré necesidad de esforzarme en evitar ser barrido por la lluvia ambarina que destila su ojo iluminado, a modo de llanto contenido, como una inspiración entrecortada o pospuesta, simulando iluminar esas sombras que resbalan, juguetonas, casquivanas, las esquinas de mi barrio.

Porque esta noche tú descansas a mi lado y parece que amaina por momentos la tormenta, que se calman mís días en marejada. Parece que podamos prescindir de visados y fronteras, ahora que marcamos nuestros límites con caricias pendientes y convertimos nuestras risas en mapas de países inventados.

Cierra los ojos, amor, y descansa, que yo velaré tu sueño. Te prometo que pondré todo mi empeño en hacer de nuestros besos bandera del reino que tiene su principio a resguardo de este puerto.

Cierra los ojos, amor, pero sólo hasta mañana.

Publicado en El Día de Albacete 11/10/07 

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Leopoldo Mª Panero: ¡maldito poeta!

Octubre 2, 2007

Acabo de terminar la lectura compulsiva del reciente título que el maestro Leopoldo María Panero ha publicado en la Editorial Cahoba: Papá, dame la mano que tengo miedo. Circunstancias que no vienen al caso me brindaron la oportunidad de pasar algunas horas bajo el mismo techo que él, en un agradable espacio llamado La Cafebrería que suele visitar a diario en Las Palmas de Gran Canaria, ciudad donde reside, concretamente y por decisión propia en la Unidad Psiquiátrica. Hace ya algún tiempo de esa semana en que veía al maestro Panero casi a diario recoger entre sus labios un eternamente repuesto cigarrillo rubio al que sólo dejaba desamparado durante los tragos de las bebidas gaseosas que tanto le agradan. En una ocasión me dirigió la palabra. Yo, hasta el momento, no fui capaz de hacerlo, derrotado por una mezcla de respeto e incertidumbre, y me conformaba con escribir en mis libretas algunas líneas más o menos acertadas allí, en La Cafebrería, hogar adoptivo del último poeta lúcido de España, ese país que despierta el vómito de Panero casi con tanta intensidad como lo hace todo aquello relacionado con la Iglesia. Un vómito coherente e ineludible.

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