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Del modo en que los primeros fríos desnudaron al Paseo de la Libertad

Diciembre 6, 2007

Llegaron los primeros fríos a la ciudad. Los primeros fríos verdaderos, los que animan a esconder las manos en guantes o entonarlas con el calor de las castañas asadas. Él las compró en la Calle Ancha, un cucurucho con el que se entretenía durante el paseo. Lo vi ayer por la tarde; ambos aprovechamos que era un día festivo. Coincidimos sin conocernos al principio del Paseo de la Libertad. Yo, sentado en un banco, plantándole cara al aire del norte, un aire grato y conocido para mí. Él pasó camino de, por ejemplo, la estación, donde, por ejemplo, recibiría una visita esperada largo tiempo. Quise imaginar al hombre del  cucurucho de castañas camino de una felicidad inminente que yo le deseaba duradera. Celebro ver a la gente feliz. Quise imaginar también que los primeros fríos habían arrebatado a los árboles los sombreros, privando al paseo de sus adornos verdes que, ausentes, dejaban al descubierto la desnudez árida del hormigón, un desierto de paredes y edificios muertos, sin ventanas abiertas, sin luces tras los cristales, sin niños jugando alrededor de la escultura que recibe al caminante. Una vez vi a “la gorda del paseo” vestirse de nadadora. Los árboles parecían mirar su culo con descaro. Ayer estaban más comedidos. Será por la desnudez de sus cabezas, o porque la tarde no esconde el gris de la ciudad, o por el hombre sonriente camino de la estación.

Publicado en El Día de Albacete 07/12/07

2 comments to “Del modo en que los primeros fríos desnudaron al Paseo de la Libertad”

  1. Me encanta el frío, me encanta el invierno… pero no tener mis manos y mis piescongelados ^^


  2. Precioso, como siempre…

    Un saludo.


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