
Entrevista con Ramón Fontseré ‘Controversia del toro y el torero’
Octubre 21, 2007Ramón Fontseré, integrante de Els Joglars, conversa con los lectores de El Día con motivo de la representación de la obra ‘Controversia del toro y el torero’, representada el pasado viernes en el Teatro de Chinchilla.

—Pero cómo son ustedes. Con la que está cayendo en torno a los toros ¿no son ganas de tocar ‘els cojons’?
—No, hombre, no, es una temática muy en boga con la defensa de los animales y el que, casi casi, matar una mosca sea delito en breve. Lo que nosotros hacemos es presentar dos posiciones antagonistas -uno que defiende los toros y el otro que lo considera una salvajada- para que haya una esgrima de diálogo defendiendo cada uno sus postulados que, siendo contrapuestos, son profundos, razonados y bien pensados. No es una discusión somera porque pretendemos que el público saque sus conclusiones.
—¿Pretende entonces este diálogo conciliar y acercar posturas?
—Sí, claro, aunque es muy difícil que haya un trasvase entre las posturas a favor y en contra siempre que sus defensores sean recalcitrantes. Para la gente como yo, a quienes los toros no nos han molestado pero tampoco nos han gustado de una forma especial, resulta interesante porque te puedes decantar hacia una postura u otra. .
—Pero es una reflexión razonablemente afilada; ya en el título se subraya el sustantivo controversia.
—No es una propuesta innovadora, esto ya se hizo en el Siglo de Oro. Las controversias eran una pieza de teatro donde se debatía sobre temas cotidianos. Por ejemplo, controversia sobre las virtudes del agua y las virtudes del vino, o temas morales como la licitud del teatro: ¿es lícito que alguien aborde desde el teatro temas sagrados o debata sobre temas religiosos, como la contraposición cuerpo y alma? También se hacía en las barberías de nuestros padres y abuelos. Uno iba a cortarse el cabello y el barbero le preguntaba sobre un tema concreto del momento: ¿a favor o en contra? Si decías a favor, el barbero te hacía la pelota; si decías en contra el barbero te hacía de sparring para fomentar el debate. Así la conversación devenía de la elección del cliente en función de los temas que el barbero elegía. Era un foro de controversia y si aquel día no tenías ganas de discutir decías a favor. Esto sería la versión doméstica de lo que hacemos nosotros en la obra.
—Partiendo de in medio virtus est, ¿no cree que el modo portugués de tauromaquia satisfaría a quienes defienden y niegan las corridas de toros?
—Creo que tiene que haber sacrificio. Los toros son un ritual de sacrificio y el torero es un sacerdote que lo ofrenda. Hace unos días hablaba con un historiador de la universidad de Salamanca y decía que los incas, cuando hacían sacrificios humanos a los dioses (antes de que los españoles los prohibieran porque ya los hacían ellos directamente arrasando), apartaban al joven más bello y atlético para sacrificarlo y, cuando era elegido, el joven accedía a las mejores mujeres, recibía los mejores manjares, el mejor vino… hasta el día del sacrificio en que lo mataban y despedazaban con una piedra de sílex especialmente afilada para que fuera rápido. Pero hasta ese momento, él estaba super contento por vivir como un príncipe. Algo así ocurre con el toro, que vive en una dehesa magnífica y muere durante quince minutos luchando. El ritual de arte y de sangre, que tiene su parte de crueldad, se da con la muerte del animal. Nadie se queja cuando se mata a un cerdo que es metido en una jaula al poco de nacer y cuando lo sacan, al cabo de cuatro meses, no sabe ni andar porque nunca lo hizo, sólo ha sido engordado para después colgarlo, el modo en que lo matan… en fin, aquí entraríamos en la controversia.
—Retomando el ritual del sacrificio, la lucha entre hombre y bestia, ¿no cree que el toro que vence sobre torero, es decir, el torero incapaz de darle muerte, debería ser indultado y no ejecutado por el sobresaliente?
—Estas no son las reglas. El toro es un ritual muy medido en todos y cada uno de los detalles. Todo está completamente cuadrado. Si el toro es, pongamos, manso y traidor y coge al torero no merece el indulto. Se indulta al toro bravo, al toro noble que lucha y se defiende con todas sus fuerzas sin humillarse ante el castigo, al que ha producido con el torero un baile ritual.
—¿Cómo se ha recibido esta obra en las ciudades donde se ha representado?
—En Madrid hubo una manifestación anti taurina en la que los manifestantes fotografiaban a los espectadores que venían a vernos. Unos gilipollas porque nosotros no estamos a favor ni en contra de los toros, es una controversia -como decíamos antes- en la que planteamos las dos caras enfrentadas y los tíos ya se pensaban que aquello era un espectáculo a favor de los toros, la fiesta nacional y todo esto, pero no es así. Responde a esta religión animalística en que los perros priman sobre las personas y hay que proteger a los animales…
—¿Todos estos serán ovo lácteo vegetarianos ¿no?
—La mayoría no; la mayoría se zampan unos chuletones… no son de plástico los chuletones que zampan. Entraríamos aquí en el puritanismo, la hipocresía. Hay psiquiatras y peluquerías para perros; la gente recoge la mierda de sus perros en las calles y llevan a los abuelos al asilo.
Publicado en El Día de Albacete, 21/10/07