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Del modo en que discurren los días lluviosos vestidos de tormenta

Agosto 11, 2007

Los días de lluvia podría naufragar en un silencio. Los días de lluvia, el viento del norte susurra una canción triste pero el azote de su lengua helada hace de mis ojos páramo reseco. Hoy llueve y tengo la voz nublada por palabras grises sabor tormenta. Llueve… y mi boca tamborilea truenos lejanos de relámpago débil. Sé que hay un sol al acecho y que la frescura planea vestirse de aire. Pero llueve… llueve todavía… Un niño y un silencio juegan a vestirse de cielo y se prueban un disfraz de nubes grises. El niño enredado en su silencio desmadeja ráfagas de aire y guarda en el bolsillo el brillo de un relámpago reciente. Anuda los sonidos de la calle y sus ojos chapotean en la acera. No tiene excusa que esconda el retraso ni forma de explicar su voz de lluvia: nunca creerían en casa que ha besado a una tormenta. Una ventana estrecha deja que el aire levante su falda y la persiana tiene restos de luz entre los dientes. Late sobre la mesilla un reloj que no juega al escondite y mi puerta esconde el pasillo en la otra parte del mundo. Amontono facturas pendientes con el día en un cajón y guardo bajo la cama una maleta con palabras que pueden delatar mi plan de huida. No necesito pasaporte: la mañana delimita mi frontera.

Publicado en El Día de Albacete 11/08/07

One comment

  1. Bonico, mu bonico.
    ¡Me gusta que la persiana tenga restos de luz entre los dientes!(tengo una imagen en la memoria perfecta para esas palabras). Pero, ojalá hoy la luz fluya con melodía de nana a través de la persiana y dibuje sonrisas de colores en los labios del niño que eres.
    Habrá deseos con estela de estrella, claro.


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