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Del amargor de tu indiferencia

Agosto 7, 2007

Amarga, como cada hora del día, tu indiferencia. Ajena, en cada paso distante, tu indiferencia. Indiferente, tú que atesoras sonrisas, tú que conoces la fórmula de los saludos distraídos. Y yo, paupérrimo, sería dichoso si… sería dichoso cuando… Y a mí, desconsolado, me bastaría encontrar un punto de partida.Silbaré cuando pases
No importa. Nunca importa. Nada importa que tus pasos no terminen en mi puerta. Que camines hacia la puerta de al lado no importa. Nunca importa.

La ciudad me queda grande
Ya no hay luces y fuera la ciudad disminuye la intensidad de sus rugidos. Ceno solo y no me gustan ni el menú, ni el lugar ni esta compañía mortal de aburrimiento. Ceno solo y tal vez consiga prolongar este agradable desorden, el pequeño caos de mis sentidos que me recuerda que, esta noche, la ciudad me queda grande.

Receta contra el silencio
Es fácil romper este silencio: basta con que mires tiernamente, basta con que juegues, nuevamente, a contarme las cosas que te pasan.
No es difícil romper este silencio: tócame y perdona mi error, mi desacierto. Juguemos a que el viento de la plaza inventó otra forma de quererte. Esta vez, yo inventé para ti, otro “lo siento”.

Tus enseñanzas
Me enseñaste que las luciérnagas vuelan sobre polvo de estrella, que las bienvenidas saben mejor sobre crujiente de beso, que las piedras milenarias pueden esperar hasta mañana y que, para agradarse, no es preciso haberse conocido. Matas a golpe de sonrisa el dolor terminal de algunos días pero vuelves derrotada al caos cotidiano del sinsentido y haces por buscar acomodo esponjando en tu pecho un cojín agradable. Tú me enseñaste a reconocernos a la luz de una luna recién amanecida.
El resto, lo demás, me lo he callado. El resto, lo demás, es sólo nuestro.

Una chica, una terraza
Es fácil describir la fórmula del hechizo, el encanto que dimanas cuando es tarde para decir mediodía y las horas vespertinas son apenas una promesa distante. Es sencillo escribir el porqué del análisis detenido de una sonrisa cuántica, de un deseo metafísico, aletargado, yerto, incierto… No hay dificultad para plasmar tus gestos en estas líneas y la razón es simple: me miras, imagino que sonríes, hace calor y la cerveza adorna los matices que me invento.

Mi amigo (a David Sarrión)

Mi amigo tiene la mala costumbre de hablar con la boca llena de versos. Y así ocurre: no hay modo de resguardarse de los brillos cenicientos de sus días ni de la espesura de sus largas noches. Porque mi amigo habla con la boca llena de palabras escogidas y nos salpica a todos con los perdigones de su poesía.

Publicado en El Día de Albacete, 07/08/07

2 comments

  1. Me ha encantado este texto, me ha traído cosas a la mente, de nuevo, y te felicito, porque creo que es muy bueno.

    Saludos :)


  2. hola a todos.

    Sabeis donde presenta David su libro “Hotel Cantabrico” y donde.

    Gracias


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