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Réquiem por una lágrima

Agosto 3, 2007

Esta lágrima no es nada: consecuencia última de las sonrisas muertas. Nada es mi soledad salvo tu ausencia y nada importa esta lágrima única que desciende lentamente y morirá aplastada contra el suelo. Una lágrima solitaria… ni es… ni importa… ni cuenta. Tú podrías indultarla, recogerla con la punta de tus dedos o hacer de ella tristeza evaporada si te arriesgas a quemarla con un beso.

Si cierro la puerta
Si alguna vez cierro la puerta, no creas que trato de esconderme; sólo pretendo evitar que mis fieras hagan suyas las aceras.
Las veces que dejo la puerta cerrada, intento evitar que se escapen mis demonios, que corran por la ciudad alborotados y traten de herirte jugando con los cristales de los escaparates rotos.
No creas que te rehuyo cuando, silencioso, bajo la vista y cierro los ojos. Algunas veces, esas veces de puerta cerrada, pesa tanto el llanto contenido que soy incapaz de dar un paso y no encuentro mejor opción que sentarme en un rincón de mi cuarto, con la puerta cerrada y la fregona lista por si hubiera que contener alguna riada, pequeña pero suficiente para mojarte los pies o inundar tu sonrisa, esa forma en que sonríes para mí los días de puertas abiertas.

Cartas marcadas
Marcas las cartas; cada vez que pestañeas doy la mano por perdida.
Agitas, hasta desvanecerla, la estructura de las cosas que pueden esperar hasta mañana. Rendición es una palabra que nohabré de consignar en el balance de las noches venideras.
Traeremos el agua necesaria para esconder los pozos vacíos del páramo reseco en que se pierden nuestros pasos. Ahora, en el momento de luz incipiente, tal vez comprendamos que el camino es tan sólo un protocolo del viaje.

Rectificar
Rectificar tiene más de inexperiencia que de sabiduría y el error es ahora posibilidad de caminos nuevos.
Me equivoco y tropiezo (debo reconocer que son similares las piedras y frecuentes los traspiés). Me equivoco y aprendo la fugacidad de las primeras impresiones, y encuentro en el equívoco acomodo para el plan de huída. Escojo mi canción de la cara B del disco y decido que prefiero carreteras secundarias en mis mapas.

Un libro
Me he descubierto con un libro sobre el regazo. Me sorprendo al regreso de un vahído; después de un paréntesis de abstracción me sorprendo acunando algunas historias que se levantan sobre palabras escogidas, me sorprendo haciendo de ellas puñal en mis entrañas.
Acabo de encontrarme ofreciendo un sitio al principal pilar que me sustenta. Acabo de encontrarme protegiendo el único espacio donde sé a ciencia cierta que encontraré sitio.
Tengo un libro entre las manos, tengo un libro acunado en el regazo, un libro sin más alternativa que convertirse en regalo

¿Ahora qué?
¿Ahora qué? ¿Qué va a pasar ahora con todos esos vasos sucios sobre la mesa, con cada arruga que no dejarás sobre mi cama?
Imagina que no concilio el sueño, que despierta la ciudad y no me duermo.
Qué va a pasar ahora, cuando baje del todo la persiana, cuando termine de consumirse la última rendija de luz que se extingue junto al cenicero, cuando recuerde que sobra media almohada.
Es cierto, tal vez me importe poco lo que pueda suceder después de ahora.

Catálogo de respuestas
Para que respondas nunca preguntaré cúando fue que me quisiste y responderás nada si hablo del cariño que nos une.
Será jamás tu respuesta si sueño compartir amaneceres y dirás tampoco si propongo un desayuno a pie de almohada.
Es fácil que digas no si me atrevo a aventurarme en tu desidia y yo diré mentira cuando tú digas mañana.

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