
Del Patio de Los Arrayanes
Julio 5, 2007Dejo atrás mi reino noctámbulo de rincones y umbrías, los palacios urbanos cimentados sobre alcantarillas que habito a diario. Me desprendo del fragor de las aceras, de los brillos mediados de las farolas somnolientas de mi calle cuando el día amenaza con cogernos por sorpresa.
Dejo atrás princesas nocturnas de canción triste para mecerme en el esplendor de culturas milenarias.
Tienen luz el día y el patio. Luz que juega al escondite con los trazos arabescos de ataurique, con el estanque y los artesonados.
Cargo sobre mis hombros, a modo de capitel, una sonrisa amplia por dentro, mediada al punto como los arcos que semicircunscriben mi mirar embelesado, lánguido; mirada de melancolía, hoy sin nostalgia ni ausencias.
Y si ahora, para no caer en el deshábito, debiera estremecerme con las mujeres que pueblan las ciudades de mis letras, debo disculparme porque elijo ignorar estas mujeres del mundo que se extasían, como yo, en este instante.
Elijo desprenderme de su hechizo y regreso, suspendido del hilo que todo lo engarza, a las danzas y colores de palacio.
Elijo atravesar puertas cerradas y asomar mi imaginación entre los huecos de las celosías.
Opto por enmudecer los acentos sinfónicos, ajenos, distantes, pero tan próximos por estar a mi lado. Opto por desatender la estela que dejan los pasos de los visitantes y cierro los ojos.
Cierro los ojos dejando que me acaricie la brisa fresca que sopla leve.
Cierro los ojos, capaz de imaginar la danza de las huríes si en verdad hay Dios y no más Dios que Dios y ríos de miel en la otra orilla.
Cierro los ojos y prescindo de edictos y batallas para escuchar los versos del poeta y la explicación del sabio.
Así, con los ojos cerrados, puedo ser, incluso, señor de Granada y la silla en la que escribo, trono antiguo.
La contigua, desocupada, la reservada para ti antes de que nuestro tiempo fuera, siquiera, concebido.
(Publicado en El Día de Albacete, 05/07/07)
Muy poético.
¡¡Por más que lo releo no deja de parecerme una genialidad!!.
Aunque me siento más de la otra orilla del río Darro; bajo una techumbre de escenario de andar por casa, como la mulata de mirada perdida en el horizonte sureño.. pero sin punto cardinal hacia el que orientar mis anhelos.
¡¡Larga y buena vida a la voz de los sabios!!
Hola venceja;-) qué grato verte por aquí