Hoy, Viernes de Pasión,rememoramos la que para las religiones monoteístas supone la más grave pérdida, tanto para quienes reconocemos en Jesús al Hijo del Hombre como para musulmanes y judíos, que encuentran en Cristo un Maestro distinguido. Qué duda cabe de que Su Pasión y Muerte ejemplifica a la perfección la más sublime entrega de amor, la de la propia vida. Pero, ante la situación actual de gran parte del mundo, cabe recordar el que, tomando las Escrituras como referente, el Antiguo Testamento en concreto, resulta el primer asesinato de la historia: la muerte de Abel a manos de Caín. En su encíclica Evangelium Vitae, el Papa de los jóvenes, Juan Pablo II, explicaba que “al darle la vida, Dios exige al hombre que la ame, la respete y la promueva. De este modo, el don se hace mandamiento, y el mandamiento mismo es un don”. La vida como regalo sagrado (en cuanto a inviolable) resulta comprensible al margen de la Fe y considero que hoy, Viernes de Pasión, pudiera ser buen día para reflexionar sobre el fraticidio (hombre hermano del hombre)que, impunemente, llevan a cabo los gobiernos del mundo, manchados como Caín y Pilatos de sangre indeleble en nombre de un Dios que ni aman ni veneran.
(El Día de Albacete, 06/04/07)
