
Desperté sin inquietud ni extrañeza: hasta el momento, acostumbro a hacerlo a diario. Abrir los ojos y tomar conciencia progresiva de mi cuerpo, arrobado todavía en la tibieza del edredón, desperezar con lentitud los músculos aletargados en sueños recientes, hacer como el gaucho y regresar de nuevo a la vida resultó tranquilizador por disponer de un día más, un día completo para desgranar con minucia. A pesar de que la lluvia golpease los cristales movida por el viento y el cielo no fuera sino reflejo del cemento que cubre. Read the rest of this entry ?
