Dicen Ea, pobrecico, ya no sufre. No por mí, por él. Yo tengo atorado en la garganta el polvo de los caminos que recorrimos juntos. Nuestros caminos son secos. Aunque sienta mis ojos quemados por todos los soles de agosto en el llano, no lloro.

Dicen Ea, pobrecico, ya no sufre. No por mí, por él. Yo tengo atorado en la garganta el polvo de los caminos que recorrimos juntos. Nuestros caminos son secos. Aunque sienta mis ojos quemados por todos los soles de agosto en el llano, no lloro.